Esta nota nos la envía
la Sra. Olga Muñoz
Programa HACIENDO FAMILIA
www.fampaz.com.ar
septiembre 2008
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La cultura de la muerte avanza, y desintegra
Es preocupante comprobar como en nuestros países de Latinoamérica pareciera que no se diera importancia, al avance de un flagelo tan destructor como la peor de las epidemias que asolo a la humanidad. Tal es así la cultura de la muerte, como la llamaba Juan Pablo II, que destruye todo a su paso.
Recientemente en un programa escuche decir al prestigioso profesor español, Fernando Corominas, “la cultura de la muerte no se cura con dinero, sino con valores.” Se refería el comentario al incremento en España, del índice de abortos, ya que es de público conocimiento que la Madre Patria, esta primera en el mundo entre los países que matan a sus niños antes de nacer, al punto que el gobierno que es abortista, ideológicamente sin embargo está ofreciendo 2.500 euros por cada hijo a los españoles, por temor a la despoblación. Hace recordar esta actitud a lo que dijera el presidente Lula, cuando asumió la presidencia de Brasil, y le preguntaron sobre su ideología de izquierda, su respuesta fue espontánea y contundente al expresar, que el ahora gobernaba para todo el País, no solo para un sector. En España debe suceder lo mismo contrariamente a las posturas que un presiente pueda tener, debe imperar en la elección de sus acciones, el bienestar de todos sus habitantes, y no solo el de algunos.
Pero lo curioso es que según las informaciones que llegan, de ese querido país, España, es que juntamente con el aborto, también tienen el primer puesto en consumo de drogas, y violencia familiar. ¡¡Que curioso¡¡ dirá el lector, pero sin embargo, no es una situación extraña, sino consecuente . Cuando en un bote comienza a entrar agua y no se la frena de inmediato, sino se la incentiva, las consecuencias son que el bote se hunde, con todo lo que llevaba en el. La presencia del mal permitido, en harás de una supuesta libertad, solo apoyada en lo personal y mal interpretada, sin reparos, ni siquiera en el derecho universal a la vida, arrasa sin piedad, con los otros valores que se apoyan en los primarios y universales.
Convengamos, si en un país un gobierno permite que el aborto (homicidio de un inocente), se legalice, por esa puerta ancha de falta de respeto a los más débiles, se cuelan los demás males, llámese droga, violencia, delincuencia, etc. No es con dinero que se subsana esta desorganización social, provocada por el mismo hombre y sus ambiciones terrenas, sino volviendo al cause justo, por medio de la recuperación de los valores, que es renuncia a uno mismo, en busca del bien común. Las mezquindades humanas están latentes en toda sociedad, pero contenidas por reglas que hacen a un buen convivir, cuando quitamos la contención, que las mantenía sujetas a conductas sociales positivas, se disparan transformándose en fuerzas destructivas, arrasando a su paso todo lo que se le opone. Entonces se hace la noche del razonamiento, la oscuridad de la inteligencia, y prima sobre todo el placer, el hedonismo, y el hombre pasa a ser el Dios del Universo, que impone su filosofía mediocre sin apoyo sobrenatural, sin visión trascendente. Como consecuencia un gélido invierno sepulcral, se cierne sobre la sociedad misma que no atina a reaccionar, se entra de lleno en la filosofía de la muerte, la negación de lo trascendente, donde ya no se deja lugar para la Vida ni la Esperanza.
Es hora quizá de pensar y analizar a la luz de lo que decía la Beata Teresa de Calcuta,
“El Aborto es el más grande destructor de la paz porque, si una madre puede matar a su propio hijo, ¿qué nos queda a nosotros, matarte a ti y tú matarme a mí? No nos queda más que eso.” “Es algo muy pobre decidir que un niño debe morir para que tú puedas vivir como lo deseas.”
Quizás sería bueno que nuestros legisladores se interiorizaran un poco mas en las consecuencias que el aborto lleva aparejado en la sociedad, ver con mirada humilde, que consecuencias sobrellevan los países que lo aprobaron.
Les dimos el poder de nuestro voto para que gobernaran para el bien del país, de la Nación. y de sus habitantes. Quizás la madeja pueda desenredarse desde esa óptica, mas allá de las ideologías, pedidos, compromisos políticos o posturas personales, sería conveniente que pensaran, que hay una sociedad que ansia vivir en Paz y sin violencia, en una Argentina para todos.
Olga Muñoz
Programa HACIENDO FAMILIA
www.fampaz.com.ar
septiembre 2008
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